El presidente cubano Fidel Castro Ruz expresa su opinión en relación con la pena de muerte, a propósito del secuestro de una embarcación de pasajeros donde los tres principales y más brutales jefes de los secuestradores fueron sancionados a la pena de muerte. Los malhechores mantuvieron la lancha en su poder durante unas cuarenta horas, entre la madrugada del miércoles 2 de abril de 2003 y la tarde del jueves 3, amenazando con asesinar rehenes si no recibían combustible para seguir su viaje a Estados Unidos. El ferry no era más que una barcaza autopropulsada de bajo calado, con una cabina, segura sólo para las aguas calmas del puerto, y esa noche había a bordo unas 50 personas, incluyendo niños y turistas extranjeros. Los secuestradores armados la llevaron a alta mar con un peligrosísimo viento de fuerza 4, se les acabó el combustible, y amenazaron por radio con comenzar a echar a sus rehenes al agua si no se les daba suficiente combustible para llegar a la Florida. Increíblemente los guardacostas cubanos convencieron a los secuestradores para que aceptaran que se remolcara al ferry, que iba a la deriva, al puerto de Mariel, al oeste de la Ciudad de La Habana, para evitar una tragedia por el mal tiempo. El propio presidente cubano fue al lugar de los hechos a negociar con los secuestradores quienes insistieron en asesinar a los rehenes si no cumplían su objetivo, entretanto se organizó una operación policial constituida por fuerzas especiales y buzos que preparaba el asalto a la nave capturada. Después de muchas horas de enfrentamiento, todo terminó en menos de un minuto cuando una turista francesa aprovechó un descuido de los secuestradores para lanzarse al mar, lo cual precipitó el desenlace: la captura de los asaltantes y el rescate de los rehenes vivos y sin lesiones. El secuestro del ferry del puerto de La Habana, el Baraguá, fue el 7º secuestro en 7 meses. En ese momento las fuerzas de seguridad cubanas estaban investigando otros 29 complots de secuestros. Desde el punto de vista del Consejo de Estado seguramente parecía constituir el comienzo de una ola de secuestros, alentados como siempre por la Ley de Ajuste Cubano de 1966. El hecho de que Estados Unidos hubiera estado recibiendo como héroes a cubanos que secuestraban un barco o un avión, poniendo en peligro la vida de terceros, catapultó la situación de piratería y el tráfico de personas. Varios aviones también fueron tomados por la fuerza. Cuba tiene varios corredores aéreos. Cada siete u ocho minutos, durante las 24 horas del día, transitan por esos corredores cientos de miles de ciudadanos, de ellos, miles de norteamericanos desde Estados Unidos o hacia Estados Unidos, más de 400 vuelos diarios. Está probado que un desvío de avión en esta área tan transitada puede traer consigo un accidente de incalculables proporciones hasta para los propios estadounidenses, con el desastre que eso significa. Si hay un principio al que Cuba siempre se ha adherido, es el de no dar jamás a Estados Unidos un pretexto para la acción militar. Una ola de secuestros constituiría precisamente un pretexto semejante, como razonó Fidel Castro más adelante, para imponer un bloqueo naval de EE.UU., una campaña generalizada de bombardeos, y una invasión directa. Tenían que detener de inmediato los secuestros. El 25 de abril, el Jefe del Buró Cubano del Departamento de Estado informó al Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, que Estados Unidos considera que cualquier nuevo secuestro constituiría una amenaza seria a la seguridad nacional de EE.UU. En una ocasión el presidente norteamericano dijo, textualmente: "Primero que todo, las leyes de inmigración son iguales para los haitianos que para todo el mundo, excepto para los cubanos, y la diferencia, por supuesto, es que nosotros no mandamos a la gente de vuelta a Cuba, porque ellos han sido perseguidos, han sido perseguidos". Si un avión, que puede ser un avión de fumigación, que no está diseñado para hacer vuelos hacia la Florida o Cayo Hueso, se cae en el mar y mueren esas personas, incluyendo niños, ¿no son gentes alentadas por lo que acaba de decir el Presidente de los Estados Unidos? Los que se van ilegales son los únicos ciudadanos en el mundo que incluso si aterrizan con un documento falso, pasaporte falso, tenga antecedentes penales o cometa un crimen, con solo decir al llegar al aeropuerto “Soy ciudadano cubano y me acojo a la Ley de Ajuste” tienen derecho a residir y a trabajar al día siguiente pues lo declaran exiliado y enemigo del socialismo. La legislación penal cubana tipifica como delito el tráfico de personas hacia terceros países, sancionado con severas penas en correspondencia con los agravantes de estos hechos que ponen en peligro la vida de las personas. A pesar de ello, el gobierno cubano dio la instrucción de que un barco que estuviera navegando, secuestrado, aun dentro de la bahía de La Habana, no intentaran interceptarlo para evitar accidentes como el de un remolcador raptado el 13 de julio de 1994 en el que perdieron la vida unos 40 rehenes, incluyendo niños. Los cubanos con intenciones de robar embarcaciones y que ya conocían esta regla, le sacaron partido. El gobierno norteamericano prosiguió acogiendo a todos los que salían de Cuba ilegalmente o secuestrando embarcaciones lo que provocó que el 13 de agosto de 1994, el Presidente de Cuba, Fidel Castro, anuncio en un discurso, que a partir de ese momento se retirarían las tropas guardafronteras cubanas y se permitiría marcharse del país a cualquier persona que así lo quisiera. Provocando así la mayor crisis de “balseros” conocida en la historia de este continente.