Ni sesenta mil caballos de guerra ni once mil luceros de granada esparto ni tres millones de salvas de pólvora podrán romper la muralla del Santo. No aparecía en el barco hiedra alguna. Estaba el congojo y terrorífico momento entre la balsa salvadora y el mástil enervante. Pues los peces bailaban pop a ciento. Una blusa de seda rozaba al Capitán. El grumete bajaba la trampilla del antro y los cuarenta y dos rocieros, sin permiso, con seriedad y rectos reafirmaron: No hay Santos Sonaron cañonazos enemigos, a lo lejos. El mas viejo masticó su tabaco con dureza y trazando una curva en fin de popa se apretó su pata de madera con más fuerza. *** En la tierra del planeta Tierra no hay santos. En la selva no hay leña. Los santos de aquí son una fiesta. *** Bajo una luz traslucida y suave y un Santo desde arriba dijo: ¡Aciertas! Jesús De Torres Cabezudo ESPAÑA, Alicante, 19 de Agosto de 2008